Publicidad en gran formato: 5 razones para entender su conveniencia

La impresión de Gran Formato flexible ha ganado enteros en los últimos años por su gran visibilidad, fácil integración y alto impacto. En publicidad, el uso de lonas, vinilos, cartelería y otros soportes de grandes dimensiones es una práctica muy extendida, pero no todos conocen los beneficios que inducen a las empresas a adoptarla.

 

Una de las razones más evidentes es la mejora de la visibilidad en la distancia. Los formatos convencionales tienen una limitada capacidad de atracción a partir de una determinada distancia, mientras que los grandes soportes permanecen a la vista a más de 50 metros. Debido a sus dimensiones, resulta difícil que los conductores, viandantes, etcétera, transiten por un lugar sin reparar en el mensaje publicitario.

 

Esta mayor visibilidad se traduce en dos claros beneficios: en primer lugar, la captación del interés del público se incrementa, de forma que todos los elementos de la marca (logotipo, colores y otros elementos de branding) permanecen más tiempo en su mente que los formatos de pequeño tamaño; en segundo lugar, la recordabilidad del anuncio impacta positivamente en las ventas del producto y/o servicio publicitado.

 

Por otra parte, la publicidad de gran formato demuestra ser más efectiva y rentable que cualquier iniciativa online, en general. Su orientación estratégica no importa (una tienda digital, por ejemplo, deseará aumentar las ventas de su comercio electrónico, no de su sucursal física), pues este tipo de publicidad repercute en la demanda en línea.

 

De hecho, la publicidad en gran formato es compatible con los esfuerzos online. Por esta razón, numerosos anunciantes implementan códigos QR y otros recursos que pueden utilizarse en entornos digitales, en prueba de la excelente integración de los anuncios impresos.

 

Así pues, no sorprende que la impresión de publicidad en formatos grandes reciba una demanda constante, a pesar del crecimiento del ecommerce y otras tendencias vinculadas a la esfera digital, ya que unos y otros se retroalimentan.

Receta sencilla de almejas a la parmesana

Te ofrecemos una deliciosa receta de almejas a la parmesana. Es muy fácil de hacer y el resultado es excelente, por lo que quedarás muy bien con tus invitados sin tener que pasarte muchas horas en la cocina. Además, resulta muy delicioso y se ve elegante y sofisticado. Te gustará tanto que seguro que más de una vez te animas a prepararlo para tomar un aperitivo a la hora de la merienda o incluso antes de comer con la familia.

Necesitas una lata de Conserva de almejas al natural, tres cucharadas de nata líquida, una cucharada de vino blanco, sal, mantequilla, pimienta y, por supuesto, queso rallado parmesano. Esta receta es para un plato completo o para cuatro tapas de entrante. Dado el sabor intenso del plato, normalmente se sirve como tapa de entrante, pero hay quienes prefieren que sea un primer plato en toda regla.

Para comenzar, abre la lata de almejas y ponlas a escurrir. Es importante que escojas almejas de calidad ya que van a ser la base del plato y la diferencia es muy notoria. Deja que suelten toda el agua en un escurridor y luego colócalas sobre papel absorbente.

Una de las ventajas de las almejas de calidad es que no tendrán arenas porque vendrán muy bien purgadas. Las arenas pueden estropear por completo este plato, haciendo que se vuelva desagradable y poco apetecible. Mientras secan, en un cuenco mezcla la nata y el vino con sal y pimienta al gusto. Prueba la mezcla y corrige hasta que tenga exactamente el punto que deseas.

Usa un plato o unos cuencos para entrantes. En el fondo del plato o cuenco esparce el queso rallado en una capa más bien fina. Coloca sobre ella las almejas y sobre estas uno o dos dados de mantequilla. A continuación, riega con la mezcla del cuenco. Hecho esto, solo hay que meter el plato o los cuencos en el horno y dejar que se gratine durante aproximadamente cinco minutos.

Dado que es un plato muy rápido de hacer, puedes dejarlo preparado de antemano y gratinar justo antes del momento de servirlo en la mesa. No es recomendable degustarlo muy caliente, pero entre que se realiza el servicio y la gente se acomoda para comer, estarán justo en su punto y así, cuando los comensales estén en la mesa, ya tendrán su entrante servido.