En las normas del Parque Nacional de las Islas Atlánticas se prohíbe expresamente abandonar residuos, encender una fogata o acampar fuera de las zonas autorizadas. Estas advertencias lógicas no requieren mayor explicación. Pero ¿y la restricción del acceso a las mascotas? Los turistas con perros y otros animales de compañía verán frustradas sus intenciones de hacer una visita Islas Cíes u Ons, ya que las propias navieras se opondrán a su embarque, en aplicación de la normativa general del Decreto 177/2018.
La Xunta de Galicia, única responsable de administrar el Parque, no permite la introducción de perros, gatos y otros animales domésticos en las Cíes, Sálvora, Ons o Cortegada. En concreto, el punto doce de la normativa determina que «con la finalidad de proteger y preservar la biodiversidad de los ecosistemas insulares, las personas que desembarquen en el parque nacional no podrán portar ni liberar especímenes de plantas u órganos de estas (semillas, tubérculos, etc.), y de animales vivos».
Como excepción, los perros guía o lazarillos, así como los pertenecientes a los servicios de vigilancia y socorro, están exentos de cumplir esta norma.
Pese a lo impopular de esta medida, pretende evitar amenazas como la alteración de la fauna local. Las especies del Parque pueden alterar sus hábitos si un perro, por ejemplo, perturba su normalidad con sus ladridos, persecuciones o rastros de olor.
Más allá del estrés que accidentalmente pueda infligirse a la biodiversidad, existe un riesgo real de depredación. Incluso los animales de compañía más dóciles pueden atacar a los pequeños mamíferos que pueblan las Islas Cíes. Durante su estancia en este espacio protegido, además, podría dejar orines y deposiciones que afecten a la composición del suelo.
Esta prohibición no es un caso aislado. Otros parques nacionales en España (Tablas de Daimiel, Timanfaya, Ordesa y Monte Perdido, etcétera) también han optado por esta solución drástica, siguiendo la tendencia del resto del continente.