Vaya por delante que no se tratará aquí de darle más mérito al viajero o al turista, sino de tratar de explicar a grandes rasgos las diferencias entre unos y otros. Todos podemos ser viajeros o turistas según la ocasión que se presente y los objetivos que podamos tener en cada momento.
La principal diferencia entre un viajero y un turista radica en la forma en la que se organiza el viaje. Normalmente, un turista quiere ir a lugares conocidos, a ver todo aquello que es representativo del lugar y, para conseguirlo en el tiempo del que dispone, recurre a planificaciones del viaje: reservas, compra de entradas e incluso viajes organizados con guía para no perderse nada de lo que hay que ver en un sitio.
Por ejemplo, en un viaje destino Sanxenxo el turista tendrá especial interés en las playas, en conocer la gastronomía de la zona visitando furanchos y terrazas de moda y hacer excursiones a lugares cercanos, sin dejar de lado las excursiones en barco, tan divertidas y populares.
El viajero suele tener un interés más profundo en el lugar que visita. Quiere saber cómo se vive allí, conocer la cultura de la gente que lo acoge y tener una experiencia mucho más completa, no dudando en participar en trabajos o actividades con las personas del lugar. Por esto mismo, el viajero no tiene planificado su viaje más allá de lo imprescindible, dejándose llevar por las circunstancias y el momento.
En ese mismo destino de Sanxenxo, un viajero posiblemente opte por acudir en temporada baja, cuando hay más población local que turistas e impregnarse en la forma de vida del lugar, interesándose en las experiencias de enoturismo que se ofrecen en la zona y que son cada vez más atractivas y completas.
El turista no tiene por qué representar nada negativo para un lugar, contrariamente a lo que puede pensarse. Hay turistas que son muy respetuosos y otros que, cuando llegan a un lugar, lo hacen desde la prepotencia y la superioridad sin respetar ni los lugares ni las gentes. Pero lo mismo sucede con los viajeros. No todos los viajeros son personas idílicas que quieren realizar una inmersión con las gentes con las mejores intenciones. Algunos solo persiguen conseguir objetivos muy egoístas, como vídeos para sus redes sociales con fines económicos o ideológicos, no dudando en alterar aquella realidad que no se adapta al mensaje que quiere transmitir.